8. Compaginar estudio y trabajo

¿Y qué hacemos con los alumnos que compaginan estudios y trabajo? Está claro que, al menos en el ámbito de las ingenierías, el número de alumnos que trabajan es elevado, y también está claro que estos métodos docentes son mucho más exigentes en cuanto a la asistencia a clase y al trabajo continuado. ¿Cómo podemos tener en cuenta esta realidad?

Una primera reflexión al respecto es que, a nuestro entender, hay dos tipos de alumnos que compaginan estudios y trabajo: los que inevitablemente necesitan trabajar para pagarse los estudios y los que trabajan porque encuentran poco valor en lo que ocurre en clase y consideran más rentable usar su tiempo trabajando, consiguiendo de alguna manera el material del curso y preparándose los exámenes cuando toque. Estamos convencidos que la mayoría de estudiantes son de este segundo grupo. Uno de los objetivos de nuestra enseñanza debería ser el conseguir que nuestros alumnos adjudicaran tanto valor a lo que ocurre en clase y a las tareas que hemos preparado para ellos, que se dijeran a si mismos: “Esto no me lo puedo perder. Ya trabajaré cuando acabe la carrera”.

En cualquier caso, no conviene poner en el sistema más dificultades de las estrictamente imprescindibles. No pongamos énfasis en la obligatoriedad de la asistencia a clase (lo cual puede llevar a un debate conflictivo con los alumnos), sino en la obligatoriedad de realizar las tareas y entregar los resultados en el momento establecido para ello (lo cual es mucho menos discutible).  Además, conviene ofrecer una cierta flexibilidad en las entregas, que se negocia en privado, en función de las circunstancias particulares. También conviene tomar algunas precauciones a la hora de formar grupos (por ejemplo, conviene poner en el mismo grupo a alumnos que trabajan, pero que pueden reunirse si es necesario durante los fines de semana). Esto suele ser suficiente para que muchos de los alumnos que trabajan puedan seguir el curso, con mucho esfuerzo, pero sin poner en cuestión los principios organizativos de la programación centrada en el aprendizaje.

Los problemas serios acaban surgiendo en el caso de los alumnos que simplemente no disponen del número de horas de dedicación que requieren los ECTS asignados a la asignatura. En este caso la respuesta no puede ser otra: “Vuelve a matricularte cuanto tengas ese tiempo disponible”.

En cualquier caso,  conocemos ejemplos en los que el profesor ha sido capaz de arbitrar un sistema en el que, desde el primer momento se detecta cuáles son los alumnos que no pueden seguir el plan establecido por falta de tiempo, y negocia con ellos un plan alternativo (el plan B), que puede incluir algunas horas de consulta y dos o tres exámenes, más o menos tradicionales, sin perjudicar con ello la dinámica general del curso. Después de todo, ese plan B es el que hubiesen seguido, en el formato tradicional, los alumnos que no tienen tiempo para venir a clase.

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