11. Créditos ECTS. Tiempo de cada actividad

La programación centrada en el aprendizaje requiere una estimación razonable del tiempo que debe dedicar el alumno a cada una de las tareas que han sido planificadas. Sin embargo, todos sabemos que puede haber una elevada varianza en ese tiempo de dedicación. Habrá alumnos que podrán hacer la tarea en poco tiempo y otros requerirán mucho más, en función de su competencia. ¿Cómo hacemos entonces para calcular el número de ECTS de una asignatura? ¿Y para calcular el tiempo que tarda un estudiante en  realizar cada tarea?

En primer lugar, el número de ECTS de una asignatura debe venir determinado por los responsables del plan de estudios. Este debe ser, por tanto, un dato de entrada en el proceso de diseño de la asignatura. Mientras no se tomen ese tipo de decisiones, un planteamiento que suele funcionar bien es asumir que los alumnos deben dedicar una hora de tiempo adicional por cada hora de clase del esquema horario actual, basado en créditos LRU. Esto nos lleva a una sencilla fórmula para pasar de créditos LRU a ECTS: créditos ECTS = 0.8 x créditos LRU.

Dicho esto y conocidos los créditos ECTS de nuestra asignatura, nuestro trabajo como profesores es llenar de actividades significativas todo el tiempo correspondiente a los ECTS asignados a nuestra asignatura. Por ello, es muy importante hacer la estimación del tiempo de cada tarea del programa de actividades. De esto tenemos cierta experiencia ya que siempre hemos calculado con bastante precisión el tiempo que dejamos a los estudiantes para realizar las preguntas y los problemas de los exámenes.

Efectivamente, sabemos que la varianza en el tiempo que requieren los alumnos para hacer una tarea puede ser elevada, especialmente si el profesor no ejerce control sobre ese proceso. Con frecuencia, hay alumnos que se encallan en una tarea y acaban dedicando muchas horas de forma totalmente improductiva, con grave perjuicio para otras asignaturas. Esta situación acaba volviéndose en contra del profesor, que recibe quejas de los alumnos por una presunta mala estimación del tiempo de dedicación, o de profesores de otras asignaturas del mismo curso, que lo acusan de acaparar un excesivo tiempo de dedicación de los alumnos.

Nosotros proponemos ejercer un control sobre la situación, de la forma siguiente: en las instrucciones del curso debe quedar muy claro que los alumnos deben dedicar a cada tarea el tiempo que se ha previsto para ella, pero no más. Si en ese tiempo la tarea no se ha acabado, entonces el alumno debe identificar sus dudas y prepararse para exponerlas a sus compañeros o al profesor, al inicio de la clase siguiente. A la vista de esas dudas, el profesor puede decidir que el alumno debe dedicar más tiempo a la tarea, pero ahora la situación está bajo su control. Obviamente, es necesario ceder un cierto tiempo de clase para que los alumnos puedan resolver las dudas, quizá con una pequeña reunión de grupo o con la ayuda del profesor.

Este planteamiento tiene varias ventajas adicionales. Por un lado, el alumno se hace más consciente de su proceso de aprendizaje y aprende a identificar sus dudas y a poner remedio a tiempo. Por otro lado, estamos enseñando al alumno a adoptar una actitud muy propia del ingeniero: hacer el mejor trabajo posible en el tiempo que nos han dado para ello o que nosotros hemos planificado para hacerlo.

Como complemento a esta medida, es importante que el profesor recoja sistemáticamente datos sobre el tiempo de dedicación de sus alumnos. El procedimiento puede ser muy simple: hacer circular una hoja con la lista de alumnos de clase, de forma que cada alumno apunte junto a su nombre el tiempo que ha dedicado fuera de clase a la asignatura. En nuestra experiencia, para que los datos sean fiables, conviene hacer esta recogida con frecuencia (por ejemplo, cada semana).  Otro procedimiento de recogida del tiempo dedicado a cada actividad consiste en preguntarlo en cada entrega (ya que cada actividad, o una secuencia de ellas, suele terminar con un entrega). Sin embargo, puesto que las normas no se aplicarán de forma completamente estricta, los datos recogidos pueden poner de manifiesto problemas de mala estimación, o situaciones de dedicación fuera de lo normal en algún alumno o grupo de alumnos.

Por último, esa insistencia de estar en condiciones de reportar sobre cómo se ha usado el propio tiempo tiene un cierto valor pedagógico, puesto que ayuda a inculcar a los alumnos dos ideas básicas: que aprender requiere tiempo (y esfuerzo) y que el tiempo es un recurso muy valioso, y que hay que administrar con sabiduría.

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