10. Reconocimiento de la labor docente

¿Qué pasa con el reconocimiento institucional? Está claro que en la Universidad española la docencia se valora por debajo de otras actividades, como por ejemplo la investigación, y esto parece ser un freno para muchos profesores.

La escasa incentivación y valoración de la docencia es un problema generalizado, que se observa en muchos sitios, no sólo en España. Resulta significativo que aquí hablemos habitualmente de actividad investigadora por una parte y de carga docente por otra, como si la docencia fuese ese precio que debemos pagar para poder realizar otras actividades más importantes y prestigiosas. Efectivamente, esta es otra de las reclamaciones que debemos hacer a los responsables académicos: revisen los criterios de evaluación del profesorado, y los criterios de promoción para poner a la docencia en el lugar que le corresponde.

No obstante, nosotros creemos que también hay que apelar al sentido de la responsabilidad y profesionalidad del profesorado. Nos pagan para que realicemos el mejor trabajo posible, en el marco de ese tiempo que la institución o nosotros mismos hemos decidido dedicar a la docencia. La actitud de no hacer el esfuerzo porque no se valora suficientemente es simplemente inadmisible, de la misma forma que no admitiríamos que un cirujano no haga el esfuerzo de aprender y aplicar las más modernas y eficientes técnicas quirúrgicas argumentando que ese esfuerzo no se le va a reconocer.

Lo que ciertamente no es prudente es ignorar la escala de valores que se utiliza en el camino de la estabilización del profesorado. Está claro que, de momento, en los actuales concursos de habilitación, o en los procesos de acreditación, el criterio principal de valoración es la calidad de la actividad investigadora, y sería un suicidio no priorizar esa actividad mientras se está en proceso de estabilización. A pesar de ello, empiezan a conocerse casos en los que un buen proyecto docente, bien contextualizado en el marco del EEES y del sistema ECTS ha resultado decisivo en una prueba de habilitación o una acreditación.

En todo caso, una vez conseguida la estabilización, los profesores deberíamos empezar a priorizar nuestra propia escala de valores, y actuar más en función de nuestras motivaciones personales. Tenemos una profesión privilegiada, que nos ofrece muchos grados de libertad a la hora de orientar nuestra actividad, y simplemente no es lógico que acabemos orientando esa actividad en función de criterios externos que no compartimos.

Para finalizar, hemos de reconocer que se advierten signos de que la actividad docente de calidad podría empezar a valorarse cada vez más, de forma institucional. Asegurémonos entonces de que tendremos algo para poner encima de la mesa, el día en que se empiece a reconocer y premiar los trabajos docentes de calidad.

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