9. Tiempo de dedicación a la docencia

Parece claro que todo esto puede representar un incremento notable del tiempo de dedicación del profesorado a la docencia. ¿No puede llevarnos esto a desatender otras tareas igualmente importantes, como puede ser la investigación?

Ciertamente, los profesores tenemos la obligación de realizar diferentes tipos de actividades: docencia, investigación, transferencia de tecnología, gestión, etc. ¿Cuánto tiempo hay que dedicar a cada cosa? La respuesta no es fácil y está relacionada con nuestro nivel de ambición en cada uno de esos aspectos, y con los criterios de calidad que queramos imponer a nuestro trabajo. Lo más práctico es establecer un tiempo de dedicación semanal a la docencia. En nuestra universidad, por ejemplo, solemos decir que un profesor tiene, a la semana, alrededor de 8 horas de clase y unas 6 horas de consulta. Esto nos daría un total de 14 horas de dedicación a la docencia. Puede ser una buena referencia. No dediquemos más de estas horas, pero tampoco menos. Y eso si, hagamos el mejor trabajo posible en este tiempo (y también en el tiempo que hemos decidido dedicar a las otras actividades propias del profesor de universidad).

Dicho esto, conviene también hacer un par de acotaciones. En primer lugar, conviene diferenciar entre el tiempo que se necesita para cambiar (o poner en marcha) una asignatura, de acuerdo con los nuevos principios organizativos, y el tiempo que se requiere para mantenerla “rodando”. Está claro que al poner en marcha la nueva asignatura es necesario realizar un esfuerzo extra para documentarse, preparar materiales, seguir muy de cerca la evolución del curso, y reflexionar sobre lo que hay que mejorar. Ese esfuerzo se reduce mucho al cabo de un cierto tiempo, cuando la asignatura se ha consolidado, y simplemente hay que mantenerla en marcha, fase en la que, de cualquier manera, seguirá siendo necesario un esfuerzo importante, por ejemplo, para hacer el seguimiento de los trabajos de los alumnos. Tanto el esfuerzo de puesta en marcha como el esfuerzo de mantenimiento puede reducirse si se plantea como una labor en equipo (cosa que tampoco suele ser muy habitual en nuestros departamentos).

En segundo lugar, todos hemos vivido momentos en los que ha sido necesario primar una de las actividades por encima de las otras. Por ejemplo, en los momentos más duros de la tesis doctoral, hemos reducido todo lo posible nuestra dedicación a otras actividades, y hemos aparcado proyectos de mejora para otro momento. En una cierta época tuvimos que hacer un esfuerzo especial para “meter el pie” en los proyectos de transferencia de tecnología que subvencionaba la UE. Y ha habido épocas también en que hemos dedicado la mayor parte de nuestro tiempo a labores de gestión, tan esenciales para la buena marcha de los departamentos o las escuelas y facultades. La docencia también puede requerir de esos esfuerzos especiales para impulsar un proyecto nuevo, aunque sea a costa de rebajar temporalmente nuestras expectativas respecto a las otras actividades. Y probablemente ahora estamos en uno de esos momentos especiales, en el que la construcción del EEES nos plantea retos muy importantes en la docencia, a los que no podremos responder adecuadamente si no damos un paso al frente, al menos algunos de nosotros, para liderar los proyectos de reforma que tenemos sobre la mesa.

Finalmente, conviene remarcar que existen estrategias específicas que pueden ayudarnos a reducir el tiempo dedicado a la docencia, sin perjuicio de la calidad de nuestro trabajo. Veamos algunas ideas.

Tal y como se ha mencionado antes, el uso de técnicas de autoevaluación y evaluación entre compañeros permiten involucrar a los propios alumnos como ayudantes en una de las tareas que más trabajo puede consumir: el producir retroalimentación frecuente y a tiempo sobre el nivel de aprendizaje.

Existen algunas tareas que venimos haciendo de forma habitual y que podemos substituir por alternativas razonables que liberen una parte de nuestro tiempo para dedicarlo a otras actividades más productivas. El caso más claro es el de las clases expositivas, que pueden sustituirse (al menos una parte de ellas) por materiales de autoaprendizaje, que los alumnos trabajan en casa. El tiempo que queda liberado puede dedicarse a preparar materiales, corregir trabajos, etc.

Cuando se utilizan técnicas de aprendizaje basado en proyectos y de trabajo en grupo, es habitual que una buena parte del tiempo de clase se use para que los grupos puedan trabajar juntos. En ciertos momentos de estas sesiones de clase, el profesor simplemente debe estar disponible por si algún grupo lo necesita, y puede usar ese tiempo de clase para realizar otras tareas, como por ejemplo (de nuevo) corregir trabajos realizados previamente por los alumnos.

Una respuesta to “9. Tiempo de dedicación a la docencia”

  1. João Marques Says:

    ¡Hola!

    Very good blog you have here.

    Keep um the good work.


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